He descubierto que entre las lectoras y lectores de momeces hay admirador@s de Frida Kalho.
No voy a contar quién fue Frida, eso ya lo podéis leer en la Wikipedia, sino cómo yo la conocí.
Fue un día que Nena venía de la peluquería. Me dijo algo así como.
–¿Sabes quién es Frida Kalho?
–¿Una pintora mexicana?
–Sí. Y la peluquera me ha dicho que hay una película sobre su vida que está muy bien.
–Mmm. Creo que la tienen en el videoclub…
Ahí quedó la cosa.
Algún tiempo después, o en el videoclub o en la bibloteca debí tropezarme de nuevo con la película y la cogí prestada.
No me gustó mucho. Salma Hayek está muy bien en su papel, pero la película se me hace lejana. Como dijo Angel Fernández Santos en su crítica “Ni rastro de la sensación de verdad que se percibe en el obsesivo narcisismo de esta notable mujer (…) Taymor no atraviesa los profundos y vivos colores que ocultan la oscuridad, cercana a veces a la negrura de los cuadros de Frida Kahlo, y los reduce a colorines, a cosmética de estampita. Es Frida una película blanda sobre una vida dura (…)”
Además la encontré un poco deslabazada, larga, perdida…
Después de ver el film investigué: la pintura de Frida me gusta, algunos cuadros mucho, pero no me llega a atrapar (os dejo todos mis enlaces en del.icio.us juzgad vosotros mismos), me resulta inquietante y además siento como si todo el tiempo estuviera mirando el mismo cuadro. Diego Rivera, los muralistas mexicanos en general, me llaman mucho más la atención. Quizá porque en Frida la pintura es dolorosamente introspectiva, mientras que Diego es rabiosamente social.
Poco después oí por ahí una voz que identifiqué como ‘parte de la banda sonora de Frida’. Y me quede prendado. Ahí, muchos de los oyentes de Solo 24 Horas ya sabrán que estoy hablando de Lila Downs. Cantante mexicana que me fascina y a quien dedicamos un par de números de nuestro podcast.
En otra ocasión pusieron en televisión un interesantísimo film documental llamado Asaltar los cielos. En él se relata la historia de Ramón Mercader, un oscuro personaje catalán que, tras participar en la Guerra Civil española, pasó a formar parte del NKVD, los servicios secretos soviéticos en la época de Stalin y recibió el encargo de asesinar a Leon Trotski, enemigo político de Stalin y exiliado en México en esa época (1939).
Trotski durante su estancia mexicana y hasta que efectivamente fuera asesinado, residió un tiempo con Diego Rivera y Frida, así que en ese film tuve la oportunidad de situar de nuevo a Frida en un contexto, esta vez menos artístico y más político… aunque también sensual y apasionado.
Por último, hace apenas un par de meses vi otra película, Abajo el Telón o Cradle Will Rock, de Tim Robbins e interpretada por John Cusack, Susan Sarandon, Vanessa Redgrave y otros, como Rubén Blades.
En este film vuelvo a reencontrarme con Frida ahora en su momento neoyorquino. La película nos sitúa en la década de los 30, con unos Estados Unidos hundidos todavía tras el crack del 29. Con la clase obrera, los artistas e incluso algunos hombres de negocios unidos en una especie de ‘frente cultural y revolucionario’.
En esa época Diego Rivera y Frida viajaron y residieron en los EEUU, donde este recibió el encargo de realizar un mural para el Rockefeller Center. Es una curiosa historia esta del mural porque, en cierta forma, el mural de Diego corre la misma suerte que esa ‘mini-revolución-cultural’. ¿Os suena el senador Joseph McCarthy? Pues no os la perdáis que es una buena peli.
Y eso es todo por el momento, si Frida vuelve a aparecerse en mi vida, sea fílmicamente o en sueños, os informaré enseguida.
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