Tres perlas del blanco y negro

Ha sido pura coincidencia. Eso sí, muy afortunada, el hecho de que casi seguidas haya visto tres películas maravillosas, todas ellas en blanco y negro.

lastrada

La primera fue La Strada (1954) de Federico Fellini con una luminosa e inspiradisima Giulietta Masina. Esta actriz italiana ya me maravilló no hace mucho en su papel del prostituta dulce y confiada en Las noches de Cabiria. Pero si Cabiria me había parecido insuperable, Gelsomina me robó el corazón por completo. La Strada es una magnífica historia de amor, entrega desinteresada e incomunicación.

El protagonista masculino, Anthony Quinn no es que esté mal, eso es imposible, solo que queda absolutamente opacado por la extraordinaria interpretación de Giulietta Masina. No deben perdérsela. Bajo ningún concepto.

Por cierto, Masina es lo más cercano a Chaplin en mujer. Decidme si me equivoco…

Pocos días después de disfrutar tanto con este delicioso personaje y su original historia conseguí hacerme con un film que vi hace años y del que guardaba muy buen recuerdo. El título español: Yo anduve con un zombi. Traducción literal y un tanto horrible del inglés I Walked with a Zombie (1943), de Jacques Tourneur en la dirección y producida por el mítico Val Lewton, responsable también con Tourneur de la archifamosa La mujer pantera (Cat People) y The Leopard Man. Todas ellas son películas de terror de serie B. Hechas aprovechando vestuario y decorados de otras películas más ‘importantes’ y rodadas en pocas semanas. La sabiduría fílmica de estos genios hace que tanto I Walk… como Cat People nos cautiven desde el primer momento, envolviendo al espectador en una misteriosa y sugestiva atmósfera. Es un cine que te transporta, un cine de evasión y ensueño llevado a extremos de exquisitez que pocas veces se han logrado después.

yoanduve

Yo anduve con un zombie es una extraña historia de amor (y muerte) en un paraíso tropical donde nada es lo que parece. La iluminación y la puesta en escena convierten esta película en una auténtica obra de arte y (esto sonará sacrílego) me parece mucho más estimulante que King Kong, ya que esta última tiene un punto de partida y una historia asombrosa que te cautiva… pero que ha resistido mal, a mi modo de ver, el paso del tiempo. Mientras que Yo anduve, para mí, sigue igual de fresca que cuando la filmaron hace ya más de 60 años.

Para terminar, hace solo unos minutos acabo de ver Ordet, La Palabra (1955) de Carl Theodor Dreyer. Llevaba años deseando verla y no me ha defraudado en absoluto. Es una película asombrosa, que tiene un comienzo pausado, pero que te atrapa y no te suelta. En un escenario casi teatral discurre la compleja historia de la familia Borgensgaard. y digo compleja no porque sea una trama complicada, sino porque en solo un par de horas tenemos dos historias de amor, una de locura, dramas de fe, viejos odios familiares… y más cosas, todas narradas de forma tranquila pero absolutamente apasionante. El amor, la fe y la reconciliación son los sentimientos que prevalecen. Y todo ello viene acompañado por el más luminoso blanco y negro que has visto jamás.

ordet

Exagero, pero si me dieran tres películas de la edad de oro para llevar a una isla desierta, muy probablemente serían éstas, ya que cada una a su manera aporta todo el arte que el cine permite, para ofrecernos unas historias absolutamente cautivadoras, a la vez que sencillas e  inolvidables.

Espero que las imágenes que he elegido para ilustrar este post os animen a verlas, ya que mis palabras no creo que se acerquen ni remotamente a hacerle justicia a ninguna de ellas.

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