Ken Saro Wira fue colgado por levantar la voz contra Shell

17 Marzo 2009

Guerra en el delta del Níger: el juicio de la familia Wiwa contra Shell

El próximo 27 de abril, en un tribunal de Nueva York, comienza el juicio de la familia Wiwa contra la empresa Shell por sus supuestas violaciones de los derechos humanos en tierra ogoni y por haber brindado armas y financiación a los militares con la intención de volver al delta del Níger.

“Ken Saro Wira fue colgado hoy por levantar la voz contra el daño medioambiental contra el delta del Níger causado por la compañía Shell Oil durante 37 años de perforaciones en la región. Ken Saro Wira estaba abogando por lo que Greenpeace considera el más básico derecho humano: el derecho a la limpieza del aire, la tierra y el agua. Su único crimen fue tener éxito en atraer la atención del mundo”, declaró aquel día Thilo Bode, Director de Greenpeace Internacional, quien también dijo que la sangre del activista mancharía para siempre el nombre de Shell.

El delta del río Níger debería ser una de las zonas más prósperas del planeta. Cincuenta años de extracción de petróleo han brindado al gobierno de Nigeria miles de millones de dólares en beneficios. Pero el efecto ha sido otro: devastación del medio ambiente, pobreza generalizada y violencia.

Una paradoja que se repite en numerosos países del África subsahariana, con la excepción quizás de Botswana y Sudáfrica. Una suerte de “maldición”, como la llaman algunos. La maldición de los recursos naturales que mientras enriquece a políticos corruptos, empresarios locales y extranjeros, condena a la miseria y el abandono a la población local.

Los conocidos como “diamantes de sangre” de Sierra Leona. El coltán, el oro y la caserita entre otros minerales como alicientes y botín de guerra de una sucesión de conflictos armados que han matado a cinco millones de personas en la República Democrática del Congo.

El activista Ken Saro Wiwa decidió, a principios de los años noventa, rebelarse de forma pacífica para tratar de poner fin al expolio inclemente, sordo a la justicia social y al respeto de la naturaleza que tiene lugar en el delta el Níger, y que genera más gases de efecto de invernadero que el resto del subcontinente en su conjunto. Desde que hace algunos años conocí la historia de este joven, no pude más que sentir admiración por un compromiso moral que poca difusión ha tenido en la prensa y que terminó por costarle la vida.

Petróleo y miseria

La ciudad de Port Harcourt, corazón del Delta del Níger, destaca ante todo por su miseria. Una tasa del desempleo que alcanza el 90% entre los hombres. Carencia de agua corriente, de electricidad, de escuelas y hospitales.

El mes pasado, un estudio de Marsh & McLennan Cos., calificó a esta urbe como una de las tres más peligrosas del planeta junto a Bagdad, Jartum y Saná. Una calificación que se debe a la campaña de secuestros, robos y asesinatos que varios grupos armados comenzaron a articular en 2006 contra las compañías petroleras que operan en la región, y que ha descendido la producción de petróleo en un 20%.

La otra guerra del golfo, apenas conocida, en la que hasta el momento se han secuestrado a más de 300 empleados de compañías petroleras que operan en la región. Estos viven en barrios privados de la ciudad, protegidos por personal armado, lo que no ha evitado, por ejemplo, que recientemente fuera asesinada la hija de once años de un empleado de Royal Dutch Shell.

En los tiempos del escritor y activista Ken Saro Wira, la rebelión de la comunidad ogoni, una etnia del delta del Níger, era pacífica. Se quejaban de que los recursos generados por el petróleo no los beneficiaban, sino que iban a parar a manos de políticos y militares en Abuja.

Denunciaban el paso de las tuberías de petróleo por sus aldeas. Los constantes vertidos que contaminaban el agua, afectando así a su salud, y destruían el medio ambiente. Una situación que, según recogió la periodista de la BBC Sue Lloyd-Roberts en una reciente visita a la región, no ha hecho más que ir a peor, si bien el año pasado el gobierno central creó un Ministerio para el Delta con la intención de hacer prosperar de una vez por todas a la región.

Juicio a Shell

Ken Saro Wiwa era presidente del Movimiento para la Supervivencia de los Ogoni (MOSOP). Buena parte de sus campañas de resistencia no violenta estaban dirigidas a la compañía Shell, que llevaba más de tres décadas extrayendo petróleo de la región. En 1993, una multitidinaría manifestación de más de 300 mil ogoni provocó la salida de Shell y la intervención militar del gobierno de Nigeria.

En mayo de 1994 se lo arrestó por segunda vez. Permaneció más de un año en la cárcel hasta que el 10 de noviembre de 1995 fue colgado junto a otros ocho miembros del MOSOP. Desde entonces, Shell ha sido señalada por muchos como cómplice del asesinato.

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