El mundo nos pide respuestas

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Hace apenas unos instantes me estaba planteando (sí, otra vez) la respuesta que damos y que dan nuestros gobiernos a las diferentes crisis que vive nuestra civilización.

Pensaba que hay dos clases de respuestas. Se podrían buscar muchas más, pero, a grandes rasgos, están quienes creen (o prefieren creer) que lo que está pasando es circunstancial y que más pronto o más tarde se resolverá… sea encontrando una forma original de abordar todos nuestros problemas (manejando los mismos recursos que en la actualidad o con una ligera reducción), sea encontrando soluciones y tecnologías innovadoras que nos permitan salir del atolladero y seguir más o menos como estamos, a pasar de que los recursos sean cada vez más exiguos.

Esta forma de ver las cosas tiene un denominador común y es que da por sentado que alguien distinto de nosotros (los gobiernos, los científicos) resolverá los problemas y todo volverá a ser más o menos como antes.

Algunos de los que contemplan esta perspectiva son más o menos conscientes que si esto llega a ocurrir será porque algunos, muy pocos, poquísimos, mantienen el status quo a costa de otros, la inmensa mayoría, que lo rebajan. Es decir, para que unos pocos sigan viviendo bien, la inmensa mayoría vivirá (y morirá) cada día peor.

La otra forma de ver las cosas es asumiendo con todas sus consecuencias que los recursos nunca volverán a ser los que eran, por mucho que digan o hagan los políticos, los empresarios, los trabajadores o los científicos.

La ciencia y la tecnología deben permitirnos sobrevivir e incluso avanzar de nuevo. Pero no de la forma que lo hemos hecho desde la Revolución Industrial, creciendo en una única e imparable dirección.

Ahora se trata trata de tomar otro rumbo completamente distinto. Para empezar, es hora de pensar y trabajar unidos como una comunidad global de la que todos formamos parte y en la que todos tenemos derechos y también responsabilidad.

Se trata de querer vernos a nosotros y a nuestro mundo como lo que realmente somos: un planeta que vive o muere globalmente. Un barco que se salva con todos o que naufraga con todos.

Con este planteamiento que, por lo que veo y oigo en la red, en los medios y en la calle, se va extendiendo, el esfuerzo ya no queda solamente en manos de unos pocos que detentan algún tipo de poder: político, tecnológico o cultural, sino que está en manos de todos.

Somos todos los que debemos orientar a nuestros gobiernos (y obligarles con nuestro voto a favor o en contra, o con otros medios como la huelga) a tomar el nuevo camino. También somos todos, especialmente quienes vivimos en el primer mundo, quienes debemos recortar nuestro consumo y emprender una forma de vida cada día más sostenible.

Somos todos, en definitiva, quienes tenemos que cambiar nuestra forma de ver el mundo, y la de nuestros hijos, no como el de una entidad esclava que nos pertenece y a la que podemos saquear impunemente, sino como el lugar al que todos pertenecemos, el lugar que nos dio la vida, como especie y en cierta forma como individuos, el lugar que nos ha permitido llegar hasta donde estamos y el lugar, en fin, que dará la vida a nuevas generaciones de seres vivos o será su cementerio.

Esta vez va en serio, la política del avestruz no servirá. O damos un cambio, social e individual, y nos convertimos, todos, en una nueva humanidad, en una nueva especie superior, solidaria con el entorno y con todos los seres vivos, dando paso a un desarrollo y un crecimiento más interior que exterior, o de lo contrario el futuro próximo será con seguridad una auténtica pesadilla…

Pensando en todo esto, he leído un pequeño post en Mas Voces titulado Ban Ki-moon: el mundo nos pide respuestas, que dice los siguiente:

Con la asistencia de más de 100 jefes de Estado o de Gobierno comenzó hoy en Nueva York el segmento de alto nivel de la 64 Asamblea General de las Naciones Unidas.

Además de la cuestión omnipresente del cambio climático, la agenda incluirá, entre otros temas, el terrorismo, la proliferación de las armas nucleares y la creciente pobreza global.

En sus palabras inaugurales, el Secretario General Ban Ki-moon sostuvo que en medio de todas las crisis simultáneas, la alimentaria, la energética, la recesión y la gripe pandémica, el mundo espera respuestas del organismo mundial.

“Si hubo alguna vez un momento para actuar con un espíritu de multilateralismo renovado, un momento para crear unas Naciones Unidas de una acción genuinamente colectiva, este es ese momento”, agregó Ban.

Ya lo veis, ellos lo saben y nosotros también. Pero la verborrea no nos servirá de mucho, hay que exigir acción y eso, solo lo conseguiremos, pasando nosotros mismos a la acción. El momento es clave y oportunidades no van a faltar. Solo hay que tener los ojos y el corazón abiertos y dejar atrás el miedo.

Aunque no queramos creerlo, ya queda muy poco que perder, en cambio… ¡hay tanto que ganar!

Un comentario en “El mundo nos pide respuestas

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